Atardecer, noche y amanecer en el desierto

Llegamos ya en penumbras solo unas rojizas pinceladas al fondo que se desparecieron al desmontar. Te dulce y manies de bienvenida mientras la luna tomaba su turno. La ventaja de venir fuera de temporada es que todo es más autentico y personalizado, estábamos prácticamente solos en el campamento. Hacia frio sí, pero qué va, había que disfrutarlo. Música y cantos frente al fogón le pusieron algo de calor. No eran artistas, era la misma gente del lugar disfrutándolo por ellos mismos, de sus viejas canciones tribales. Nuestro Said nos sorprendió con sus dotes de percusionista y cantante.
Subir a la duna y contemplar la noche bajo la brillante luna mientras Sofía jugaba a la fotógrafa, fue el final de la jornada, para luego introducirnos debajo de al menos cuatro frazadas para pasar la fría noche en la haima nómade, una especie de carpa de tela. Las dudas de si levantarse o no para ver el amanecer las despejó alguien golpeando las manos al grito de “sunrise!!!”.
El perrito del campamento que se nos había pegado desde que llegamos nos acompañó a la cima de la duna moviendo su cola, recordaba seguramente las caricias del día anterior. La bola de sol emergió en el horizonte y con ella el calor para entibiar los cuerpos y así emprender la vuelta en caravana esta vez bajo los colores de la mañana


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