Rain Forest

Finalizados los encuentros con nuestros ancestros, llegamos a la zona de alimentación y con cara de “yo no fui” nos pusimos a observar juntos al resto, como los guardaparques invitaban (con una especie de aullidos de llamado) a acercarse a los orangutanes a una plataforma de bambú donde estaban las bananas. Realmente este espectáculo también valía la pena, ya que era toda una ceremonia. Bajaban de los arboles con esa envidiable destreza, simios de todos tamaños y edades hasta las madres con sus crías colgando, buscando hacerse lugar para saborear las bananas. Revuelo se armo sí entre ellos, cuando el macho dominante entro en escena y copo las bananas… Un trueno definió el fin de la escena, en qué momento se fue el sol y comenzó la lluvia tropical, no lo recuerdo… Era cómico ver como algunos orangutanes buscaban grandes hojas y se cubrían como paraguas… En ese momento este humano “inteligente” se dio cuenta que habías dejado las capas de lluvia en el barco, así que no nos quedo otra que disfrutar de una refrescante mojada tropical… una bendición para finalizar un excitante día que había comenzado a las 4 de la mañana en otra lejana isla…


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